viernes, 24 de junio de 2016

Cómo enfrentar los temores infantiles más comunes

  

Hablar de fantasmas, de muerte o de abandono puede sonar a ingredientes clásicos del mejor cuento de terror. Pero en el caso de los niños, estos temas dejan de ser un simple relato y suelen ser motivo de verdaderas angustias. El miedo es innato en la naturaleza humana. No se puede optar, es inevitable y tiene una función adaptativa, en la medida que permite a los individuos tomar algunas precauciones ante una realidad peligrosa, explica la psicóloga infanto juvenil del Instituto Neuropsiquiátrico de Chile (INC), Oriana Valverde.
Pero en el caso de los niños el temor presenta un rostro diferente. Debido a que los menores comienzan a conocer el mundo, la mayoría de las cosas que los rodean les son desconocidas y, por ese motivo, estímulos externos como una sombra repentina en la noche o el ruido del viento azotando un árbol le hacen sentir temor.
Los miedos cambian según la fase del desarrollo del niño y, aunque estas etapas no siempre coinciden exactamente con los años del menor, en general se repiten algunos temores según la edad:
Dos años: Lo desconocido
Al empezar a caminar y a explorar solos, aparecen temores a lo desconocido, pues los niños comienzan a tomar conciencia de lo que los rodea. En esta etapa, aquel vecino desconocido, el sonido de pasos o algún objeto específico como un juguete les produce inquietud.
En ese sentido, el miedo adopta una actitud de tipo defensivo, se esconden detrás de la mamá, comenta Oriana Valverde. Para evitar estas angustias, la especialista recomienda agacharse para estar a la misma altura del niño y ser una figura más próxima.
Tres años: Terrores nocturnos
Es común que en esta etapa los niños despierten llorando en las noche, pues los menores de seis años difícilmente distinguen entre fantasía y realidad, explica Hernán Montenegro, profesor de Psiquiatría infanto-juvenil en la U. de Santiago (USACH). Por esto, despiertan y no saben si lo que soñaron era verdad o no.
Además, ver películas o series de terror muy violentas tiene consecuencias, porque cualquier ruido puede ser relacionado con aquel monstruo o escena que vieron en la televisión. Oriana Valverde agrega que es importante usar cuentos adecuados. Por ejemplo, La caperucita Roja, donde el lobo se la come, es muy amenazante. Lo mismo pasa con Hansel y Gretel, en que la bruja los echa a una olla. En ese sentido es bueno usar fábulas, donde no hay cosas voraces y, además, dejan una enseñanza.
Cuatro a cinco años: Oscuridad
Los miedos son más específicos, como la oscuridad, los perros o quedar atrapado en un ascensor. También a esta edad el miedo es más aprendido, porque es una de las emociones más contagiosas. Si los papás no logran catalizarla, se las transmiten, afirma la Psicóloga del INC.
En ese sentido es importante reflejar confianza y, si el menor tiene pesadillas, acompañarlo a su cama y explicarle que lo que creyó ver sólo era un sueño y no una realidad. Además, como aún no dominan esta distinción entre fantasía y realidad, las soluciones pueden ser tan mágicas como el mismo temor. Por ejemplo, si le da susto un monstruo un oso de peluche más grande los puede hacer sentir más seguros.
Más de seis años
La entrada al colegio coincide con la aparición de nuevos temores. A esta edad se estructura un pensamiento más lógico y a buscar explicaciones. Según el doctor Montenegro, acá surge el temor a la muerte: empiezan a ver que las personas o sus mascotas se pueden  morir, pero él aún no se incluye entre las personas que pueden hacerlo. A partir de esta edad empiezan a comprender que es irreversible.
Enfrentar esto depende de la fe que cada padre les transmite a sus hijos, pero de todos modos si preguntan si van a morir hay que darles una respuesta afirmativa. Si han tenido un duelo con una mascota, hay que aclararles que ya no está entre nosotros, pero su espíritu si y que, aunque da pena, es parte del proceso de la vida, concluye Oriana Valverde

viernes, 10 de junio de 2016

Los trastornos que sufren los niños perfeccionistas


Probablemente más de alguno tuvo como compañero  de curso a un niño perfeccionista en el colegio. Aquel chico que era considerado el mas aplicado, que sacaba las mejores notas y que parecía hacerlo todo bien. Amados por los profesores y exigidos por sus padres, estos niños suelen enfrentar gran presión y las burlas por parte de sus propios compañeros que los catalogan como ¨mateos´´.
Isabel Salinas, profesora de Educación Básica, cuenta que es ´´frecuente verlos llorar o amurrarse cuando no obtienen nota 7, aunque nunca bajan del 6,5. A veces suelen ser los padres quienes los presionan. Cuando una les pregunta, los niños cuentan que los papás los castigan si no cumplen sus expectativas´´.
Inseguros y rechazados
Para los psicólogos, El problema surge cuando- en lugar de canalizar positivamente sus buenos resultados académicos -, los niños terminan volviéndose tan competitivos que les resulta imposible enfrentar la idea del fracaso. ´´ Tratan de protegerse de las criticas y temen que se les deje de querer si fallan. Terminan siendo niños muy inseguros´´, asegura Virginia Smith, de la Asociación de Psicólogos en Educación de E.E.U.U.
En chile, la psicóloga y académica de la U. del Desarrollo, Gloria Chanes, explica que la inseguridad surge como patrón en estos niños, ´´porque basan todo su éxito en el rendimiento académico y en el hecho de sentirse validados, especialmente por sus padres. Creen que sólo así pueden tener el control sobre sí mismos y sobre su entorno´´.
La directora de la Escuela de Psicología de la Universidad del Desarrollo en Santiago, María Paz Soublette, explica que en estos casos lo más difícil es darse cuenta que existe un problema. En general el niño ´´mateo ‘no da problema. Se le sigue estimulando en la competencia y lo más probable es que a los 16 años termine convirtiéndose en el antipático del curso´´, dice.
Efectos nocivos
El resultado para estos niños termina siendo, en muchos casos, la marginación y la dificultad para disfrutar el juego con sus pares. También existen trastornos emocionales que, según los expertos, pueden empezar a manifestarse en la adolescencia
´´son niños muy ansiosos, que en su edad adulta pueden caer en estados depresivos. En casos más extremos surgen problemas como la anorexia incluso ideas o intentos de suicidio, porque sienten que son incapaces de cumplir con las expectativas´´, dice Gloria Chanes.
Este tipo de situación se genera especialmente cuando el niño perfeccionista tiene limitaciones para el estudio ´´y no de tipo cognitivo, sino emocional; estrés en el hogar, abuso psicológico o un clima de hostilidad permanente y una fuerte presión por obtener resultados´´, recalca Chanes.

IPS clinica

lunes, 30 de mayo de 2016

¿Qué hacer con un hijo en su adolescencia?






Los papás no cuentan con las herramientas adecuadas para enfrentarlos porque los viejos esquemas resultan inútiles frente a esos nuevos desafíos. Ante esto, la inseguridad, el temor y la angustia se apoderan de ellos y esto promueve los conflictos y las peleas. Entonces, el pronóstico que tenían de lo que iba a ser la adolescencia se cumple.

La adolescencia, es una etapa de transición de la infancia a la adultez, un periodo en el cual el joven busca su identidad y por definición esto trae consigo cambios físicos y psicológicos que no son fáciles. Lo malo es que a muchos padres esta etapa de sus hijos los coge fuera de base. No solo sufren un duelo interno porque su pequeño creció sin saber a qué horas, sino que muchas veces coincide con la crisis de la edad mediana de ellos.

Las parejas cada vez tienen sus hijos más tarde y para cuando estos cumplen 15 años, sus padres son cincuentones con demandas sociales y presiones laborales, tensiones en el matrimonio y cierta inestabilidad emocional. “Además, el mandato social dado por las tendencias de la crianza de hoy es que los papás están a cargo de la felicidad integral de sus hijos y deben procurar que sean perfectos en todos los campos” Durante la adolescencia, ese mandato es una camisa de fuerza que genera más confrontaciones y crisis.

En estos nueve puntosestán las actitudes que hay que corregir para que el joven no rompa la calma del hogar.

1. Visión fatalista: Los padres creen que la adolescencia es un problema y se preparan para afrontarla con pesimismo, desconfianza e inseguridad. Y si bien es cierto que esta puede ser inquietante, si se asume como una etapa llena de sufrimientos y dificultades puede llegar a ser más difícil de lo que en realidad es. El antídoto: No predisponerse y cambiar de enfoque, pues no todo es difícil en estos años. Así como es una etapa de rebeldía también lo es de posibilidades.

2. Pretender ser su amigo: Algunos padres se intimidan con la rebeldía de sus hijos. Para evitar el conflicto optan por ser comprensivos y creen que si son amigos de sus hijos minimizarán la confrontación. El antídoto: En esta etapa los hijos necesitan que sus padres asuman su papel para que los guíen y les pongan límites pues, aunque no parezca, los mayores tienen una gran influencia en ellos. Aún más, necesitan saber que ellos son una especie de puerto seguro. La clave es la manera como se transmite el mensaje y para ello lo mejor es hacerlo con firmeza y de manera oportuna.

3. Expectativas poco realistas: Los papás esperan todo de sus hijos, que sean tranquilos, exitosos, hábiles socialmente, competitivos y disciplinados. Esa misión desgasta porque no es realista. El antídoto: Darle un poco de autonomía al hijo para que viva solo ciertos procesos y confiar en que la educación que se le ha dado hasta el momento le ayudará a tomar las mejores decisiones.

4. Abandono involuntario: Algunos padres le ponen toda la energía de la crianza a la etapa de 0 a 12 años y cuando empieza la adolescencia dejan de hacerlo, ya sea porque están agotados o porque los jóvenes ya parecen adultos que se pueden defender en el mundo. En ocasiones creen que darles libertad es una forma de mostrarles respeto. En todos estos casos, la lectura que hacen ellos es que sus padres los abandonaron. El antídoto: No se puede abandonar el barco porque el joven aún no está listo para ser capitán. Hay que dedicarle tiempo y, sobre todo, estar ahí para cuando él lo necesite.

5. Tirar la toalla: ‘Lo he intentado todo y nada funciona’, ‘Este chino cada vez está peor’ y ‘No sé qué voy a hacer con ese muchacho’, son frases que se les escuchan decir a muchos padres de adolescentes. Esto sucede porque a veces el joven es desafiante, agresivo y rebelde, y ante esto los padres terminan dándose por vencidos. El antídoto: La parálisis es la peor opción. En estas circunstancias ayuda tener redes de apoyo, buscar información para entender que otros padres están experimentando la misma situación.

6. Mala relación con la tecnología: El error de los padres consiste en vivir desconectados de los nuevos medios. Esto los lleva a tomar decisiones extremas, desde prohibir todos los aparatos, hasta darles total libertad. El antídoto: Hay que aprender a usar los gadgets en la vida cotidiana y volver a la tecnología una aliada, no una enemiga. Esto ayuda a hacer una supervisión respetuosa y evitar el estrés de la familia.

7. Una comunicación lejana y agresiva: Insultarlos y humillarlos genera más rebeldía y sensación de soledad, así como falta de pertenencia en una etapa en la que el adolescente necesita precisamente eso, pertenecer. El antídoto: No regañarlos por su forma de ser y menos en público, no compararlos con otros y no reprenderlos constantemente. Los padres deben prestar atención a los sentimientos, necesidades y expectativas de los jóvenes y no a las manifestaciones de rebeldía como la ropa, la música o los aretes, que no son asuntos de gravedad porque ceden con la madurez.

8. Casar batallas con frecuencia: Algunos padres creen que educar es no dejar pasar nada y siempre imponer su posición. El antídoto: Hay que hacer economía psicológica y esto significa elegir con inteligencia qué batallas dar. Tampoco es conveniente tomarse las cosas a título personal, pues el adolescente no es rebelde por molestar a los padres sino porque dicha actitud hace parte de la búsqueda de su identidad. Es importante expresar las inquietudes frente a su comportamiento, pero no es conveniente quedarse en la crítica.

9. La desconfianza básica: Pensar que el joven está al borde del abismo –es decir, del alcoholismo, las drogas, el fracaso académico o las enfermedades de transmisión sexual– genera estrés y pone una distancia. El antídoto: Hay que confiar en la naturaleza del joven y pensar en que los buenos hábitos transmitidos hasta el momento lo guiarán. El pelo desordenado, la ropa descuidada y la música estridente no son indicios de que anda en malos pasos. También es importante que se sientan capaces, que tomen decisiones, fracasen y asuman las consecuencias. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

El Síndrome de Alienación Parental (SAP): una forma de maltrato infantil



El Síndrome de Alienación Parental o SAP es un conjunto de síntomas, que se produce en los hijos, cuando un progenitor, mediante distintas estrategias, transforma la conciencia de los niños con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor.
Este proceso se reconoce como una dinámica en algunas familias divorciadas.
El SAP puede ocurrir cuando el hijo es influenciado por un progenitor (progenitor A) para rechazar al otro progenitor (progenitor B). Por ejemplo, el progenitor A puede decirle al hijo que el progenitor B no quiere visitarle, cuando, en realidad, el progenitor B está trabajando.
En muchas ocasiones, este tipo de influencia negativa, utilizada de manera repetida, provoca que el hijo rechace al otro progenitor.
Es necesario reflexionar sobre el Síndrome de Alienación Parental y el peligro real de los padres que utilizan este tipo de conductas para hacer daño a su ex-pareja, pues el niño es el que realmente sufre las consecuencias negativas de esta situación. Pero también hay que tratar este tema con cuidado, ya que algunos padres, para su defensa legal, pueden acusar al otro miembro de la ex-pareja por utilizar SAP en su contra aunque no sea cierto.
Señales del Síndrome de Alienación Parental
¿Cómo actúan los padres alienadores? Estos son los comportamientos característicos de los padres que llevan a cabo el SAP:
  • Menospreciar, insultar o desvalorizar al otro progenitor delante del niño, mencionando temas de la pareja que no tienen que ver con el vínculo parental.
  • Contarle a un hijo los detalles del divorcio cuando el ex-cónyuge no está presente, pero como si este último fuese el culpable. El progenitor lo que busca es que el niño piense que el otro progenitor es la víctima y que, de esta manera, no empatice con él.
  • No permitir el derecho de convivencia del hijo con el otro progenitor.
  • Influir en los niños con mentiras sobre el otro llegando a asustarlos.
  • Incluir al entorno familiar y a los amigos en los ataques al otro progenitor.
  • Subestimar o ridiculizar los sentimientos de los niños hacia el otro progenitor.
  • Gratificar y reforzar los comportamientos despectivos y de rechazo por parte del niño hacia el otro progenitor.
Causas del Síndrome de Alienación Parental
¿Por qué un padre puede querer dañar la relación de su hijo con el otro progenitor? Las causas pueden diferir de un padre a otro, puesto que cada caso suele ser distinto. Estas son algunas de ellas:
  • Enfado acumulado durante la relación por no haber tratado los problemas de la manera correcta. La falta de control de la ira puede provocar, en estos casos, que los progenitores no sean capaces de separar los problemas de la relación de sus funciones parentales.
  • Problemas de autoestima. Lo que provoca dependencia emocional hacia el otro progenitor.
  • Falta de habilidades sociales y dificultades en la expresión y comprensión de las emociones. Pueden ser incapaces de sentir empatía hacia el niño y hacia el ex-cónyuge.
  • Trastornos de personalidad. Por ejemplo: narcicismo o Trastorno Límite de Personalidad.
Prevenir el SAP es la mejor terapia
La mejora manera de tratarlo es prevenirlo. Ya que, una vez que ocurre, es necesario atacarlo desde diferentes frentes. Que un niño sufra por la irresponsabilidad de los padres es tremendamente injusto. Por eso, la actitud de los progenitores en torno a su ruptura es crucial para el bienestar de su hijo.
Puesto que el SAP es una forma de maltrato infantil, una vez que ha ocurrido y es diagnosticado, puede tener consecuencias legales. Por ejemplo, el cambio de custodia para que el niño vuelva a establecer vínculos con el progenitor que ha sido víctima de la alienación parental. A veces puede ocurrir que el niño se niegue, y es por eso que el tema debe ser tratado con mucho cuidado. La terapia se hace necesaria para revertir la situación y, en muchas ocasiones, es el propio juez el que puede intervenir.

martes, 3 de mayo de 2016

Terapia de pareja: amor y relaciones de pareja

 

La pareja es una de las relaciones humanas más difíciles de llevar de todas, junto con las relaciones familiares más cercanas, como las relaciones entre hermanos, y entre padres e hijos. Por este motivo la relacion de pareja requiere  tener un criterio claro acerca de como hacer para establecerla, mantenerla y vivirla con alegria y auténtica satisfacción ya que, de lo contrario, puede llegar a resultar muy complicada y frustrante para ambos.

Las relaciones amorosas son fundamentales en nuestra vida, ya que suponen un elemento importantísimo para nuestro equlibrio interno, por implicar aspectos tan vitales como lo son nuestras necesidades afectivas y sexuales. El problema en este sentido es que no se nos ha educado apropiadamente para poder establecer de una forma consistente el amor de pareja y poder vivir una relación sana y satisfactoria con otra persona. Lejos de esto, nuestra cabeza está repleta de conceptos equivocados y fantasías románticas acerca de lo que es el amor, lo que acaba llevándonos a una penosa situación de rutina y aburrimiento en la que lo único que conseguimos es frustración y vernos vivendo con una persona que en realidad no nos despierta ya ningun deseo.
La pareja, pudiendo ser una de las relaciones más alegres y satisfactorias de todas, acaba por convertirse en una especie de carcel de codependencia en la que no hallamos mas que rutina, frustraciones, y manipulaciones mutuas, que en el peor de los casos pueden llegar a convertirse en un tormento de discusiones y desavenencias muy desagradables para ambos.

En la relación de pareja salen a la luz todos nuestros miedos e inseguridades, nuestras carencias, dependencias y manipulaciones de la otra persona, nuestro egoísmo y nuestro infantilismo. Es por esto que, sin una adecuada educación y autoanálisis en este sentido, se hace muy difícil que una persona pueda llegar a tener una relación de pareja satisfactoria. Sobrados son los casos de famosos que aparentando tener relaciones de pareja modélicas y envidiables, acaban por romperse e ir saltando de una pareja en otra buscando el amor infructuosamente, haciéndose evidente que no es ni la belleza física, la fama, la importancia social o el dinero lo que hace que podamos tener una relación de pareja auténtica y feliz.


Para cuando este triste



Cuando te sientas triste lee este texto y guárdalo en algún lugar por si lo necesitas tener a mano


  • Para alguien, tú eres todo

  • Tu sonrisa puede alegrar hasta a  las personas que no gustan de ti

  • Cada noche alguien piensa en ti antes de dormir

  • En muchas ocasiones la única razón por la que alguien puede odiarte es porque realmente esa persona quiere parecerse a ti, ser como tu

  • En el mundo hay al menos dos personas por quienes estarías dispuesto a dar la vida.

  • Al menos 13 personas te aman, aunque sea a su manera

  • La vida es demasiado corta para levantarse cada mañana con tristeza y arruinar el resto del día, ¡alégrate!

  • Ama a las personas que te tratan adecuadamente, y olvídate de aquellas que no lo hacen y ten presente que todo pasa por algo

  • Incluso si cometieras el error más grande de tu vida, con esto vendrá también algo bueno

  • Cuando crees que la vida te dio la espalda, cambia tu perspectiva hacia ella, mírala desde otro ángulo

  • Recuerda siempre que si la vida te da otra ¡significa que lo vas a lograr!

  • Si tienes una oportunidad ¡no la desperdicies! Si esa oportunidad puede cambiar tu vida, deja que suceda

  • Nadie dijo que fuese fácil, solo dijeron que el esfuerzo vale la pena


lunes, 25 de abril de 2016

Estados de Angustia extrema en la Adolescencia

 

Por María Teresa Villafrade
 ¿Que lleva a un adolecente a herirse brazos o piernas? ¿Por qué siente alivio en vez de dolor? Existe preocupación entre los especialistas por el considerable aumento en sus consultas privadas de pacientes que se autolesionen , en su mayoría presas de una angustia que no logran canalizar si no es a través de cortes, quemaduras o golpes.

Es importante aclarar que la autoagresión no es lo mismo que el intento de suicidio, porque en el primero la persona se quiere sentir mejor y en el segundo se quiere dejar de sentir dice la Psiquiatra Patricia Cordella.

En Chile, al igual que en el resto del mundo este tipo de conductas autodestructivas han aumentado, tal como constan los especialistas en su experiencia clínica. En otros países incluso se llega a extremos increíbles, que van desde la mutilación hasta la desfiguración o castración.

Según Cordella, la autolesión es un daño voluntario y cuando una paciente toma la decisión de cortarse la piel, que es lo más frecuente, lo hace desde el deseo de cambiar el estado de ánimo. Eso es lo que la diferencia con los intentos de suicidios, que son el deseo de terminar con la vida, pues no se cree que haya posibilidad de cambios, es decir, hay desesperanza. En la autolesión la esperanza está puesta en este acto: después de cortarme me sentiré mejor.

Una pelea, un desencuentro con el papá o la mamá pueden ser los primeros detonantes. El peligro está en con el tiempo esto se convierta en un hábito y adquiera una dinámica adictiva en la que ya no importa tanto qué la gatilla.

La Doctora Ximena Sepúlveda de la unidad de psiquiatría de niños y adolecentes de Clínica Las Condes, explica que la mayoría de los afectados son adolecentes (mujeres más que varones), entre los 12 y 18 años: Dicen que sienten una angustia tan tremenda que sólo el dolor físico los hace el dolor psíquico, los libera de alguna manera. Algunas niñitas me han dicho que temen enloquecer y que por eso prefieren el dolor físico a la angustia, relata la psiquiatra.

Los adolecentes que tienen más dificultades en consolidar su identidad son los más vulnerables, Este síndrome se llama difusión de identidad y es término que acuñó el psicoanalista Otto Kernberg, un chileno radicado en Estados Unidos, que ha estudiado mucho los problemas de personalidad. Se caracteriza por presentar mucha angustia, sentimientos de vacío o soledad que son distintos a los estados depresivos. Cuando a este adolecente tú le pides que te cuente cómo es, caen en una angustia espantosa, no pueden, agrega.

La identidad tiene que ver con el aspecto psicológico y corporal. A veces, jovencitas con trastornos alimenticios cómo la bulimia también caen en la autolesión. Es una forma de poner límite, de sentir que hay un cuerpo, algo que sujeta lo que está en tu interior. He visto cómo los chiquillos con más dificultades en organizar su identidad están llenos de piercings, de tatuajes. Yo lo interpreto como una forma de hacer soberanía sobre el cuerpo. Tengo tanta angustia que yo lo maltrato. Hay que distinguir este comportamiento de las enfermedades psiquiátricas propiamente tales, como esquizofrenia, trastornos bipolares, donde también hay autoagresión.  No necesariamente una niñita con autolesiones va derecho al trastorno psiquiátrico, pero si puede estar con problemas en el desarrollo de su personalidad, señala la Dra. Sepúlveda.

La marca del indio
El factor sociocultural influye en los cambios que han experimentado los síntomas. A juicio de la especialista, hoy estamos en la era del cuerpo, de lo externo, de la superficie, de ahí el aumento exponencial que han tenido las anorexias. Se calcula que hasta un 10% de las adolecentes pueden tener algún trastorno alimentario.

La relevancia del cuerpo dentro de lo que es la identidad es lo que explica el aumento de este tipo de enfermedades. En general lo que observo en el entorno familiar de los adolecentes que se autolesionan es que el problema no se pesquisa hasta que ha pasado cerca de un año. La minoría de los padres se da cuenta temprano. Esto te hace pensar que hay poca atención hacia los hijos, que se los mira y se los toca poca. Si ves a tu hija en pleno verano con polera de manga larga, angustiada, bajoneada, una mamá debería notarlo, señala Ximena Sepúlveda.

El síntoma más evidente es la angustia, también la hiperactividad, el llanto fácil, una baja del rendimiento escolar, deterioro social y la aparición de conductas de riesgo, como el abuso de alcohol, de drogas y la promiscuidad sexual. La autolesión no se presenta como un hecho aislado, advierte.

Entre las heridas que más le han impresionado observar es una conocida como la marca del indio que consiste en presionar fuertemente  un dedo sobre el dorso de la mano, en forma circular, hasta ocasionar una herida y sacar un pedazo de piel. A una niñita se le necrosaron los cortes, ella andaba feliz con la marca del indio e ignoro por qué le llaman así. Otras más pillas se hacen cortes en los tobillos, porque no se notan.

La doctora Paulina Cordella explica que estos actos se hacen como un ritual oculto, es decir, no hay testigos. Los tres elementos que conforman la autolesión son: un detonante, un rito y un secreto.
Los gatillantes suelen ser estados emocionales desagradables derivados de interacciones con personas afectivamente importantes: la mamá, el papá, el pololo. El rito tiene que ver con el objeto que se utiliza para cortarse. Una paciente guardaba un pedazo de vidrio azul en un bolsito que tenía siempre en su cartera, otra recogía de la calle objetos cortantes como trozos de metal, de vidrios, otra tenía una hoja de afeitar que había pertenecido a su padre.   Los cortes con tiptop son muy frecuentes. En cada caso hay que buscar significados de fondo, dice la doctora Cordella.
El secreto, por último, forma parte de la necesidad de marcar frontera en su espacio personal. Esto le permite al adolecente tener la ilusión de administrar un trozo de piel, un trozo e tiempo.
El tipo de pacientes que presentan un psiquismo inmaduro son aquellos que tienen historias traumatizadas por el abandono, la agresión o la responsabilidad de cargar desde pequeños con adultos inestables o enfermos psíquicamente.

¿En qué se diferencia la autoagresión con el sadomasoquismo?
En que la persona separa la conciencia del cuerpo, de la conciencia de psiquis, de modo que siente el cuerpo ajeno a sí mismo, como si fuera un objeto desapegado de éste. Una vez que se produce esa disociación, la paciente puede hacer uso de su cuerpo y entonces lo corta, sin sentir dolor que se siente cuando uno se corta. Por eso es que no hay relación con el sadomasoquismo, en el cual hay otro que se hace sentir dolorosamente y obtiene placer con ello. Los cortes son paradójicamente, un modo que tiene la paciente de volver a integrarse, ya que una vez consumado vuelve a sentir que está entero y, por lo tanto siente bienestar.

Ocultar armas y heridas
La psiquiatra Patricia Cordella aclara que realiza el corte, visto el sangramiento, pueden aparecer la vergüenza, la culpa, sentimientos que tampoco son agradables. Parte del secreto es ocultar las herramientas, las armas, las heridas, las cicatrices.
La cicatriz parece dar cuenta de la necesidad de imprimirnos que tenemos los seres humanos. Necesitamos diferenciarnos con un nombre propio, con características propias, con deseos que nos pertenezcan. En estas pacientes el psiquismo se muestra enfermo. Incapaz de hacerse cargo de los montos de angustia y ansiedad que nos genera inevitablemente la interacción con otros. La solución de la autolesión es fácil, rápida, a la mano. Está a tono con los tiempos en que nadie valora la espera de un proceso de cambio y crecimiento que durará años, señala.

El período de la adolescencia es difícil y los expertos aconsejan a los padres consultar de inmediato ante cualquier síntoma de autoagresión. El tratamiento consiste principalmente en psicoterapia y, en algunos casos, se requiere fármaco terapia, sobre todo cuando hay problemas con el control de impulso.