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jueves, 18 de agosto de 2016

Consejos para responder a los hijos cuando exigen más tiempo a sus padres




Yo creo que siempre es insuficiente el tiempo que tienes parta dedicarles a tus hijos y ellos en el momento menos pensado, te reclaman esa ausencia, dice Francisco de 37 años, padre de dos niños  de 6 y 8 años . Mi hija menor tiene claro el cuento de mi trabajo y los turnos. Pero la semana pasada me llamo y me dijo: Papá, casi no te veo en la casa, siento que tengo solo mamá. Me sentí muy mal, confiesa.

La demanda de más tiempo de los niños a sus padres es cada día mayor, porque las jornadas laborales son más extensas para ambos padres. Como resultado el contacto con los niños se ha visto disminuido, lo que plantea la necesidad de una nueva modalidad de relación familiar que requiere de ajustes importantes, dice María Amelia Barrera, psicóloga infanto-juvenil.

Queja emocional

Es una queja emocional de los niños, asegura Paz María Lagos, psicóloga infanto-juvenil, es frecuente en consulta y además suele ser la base de muchos problemas conductuales que presentan los menores ¿pero cómo responder a esa demanda de tiempo? Una forma de enfrentarlo es tomar conciencia de que esa queja infantil es importante.
En el momento es bueno decirle a los hijos cuán importantes son a pesar de que llegan tarde después del trabajo y preguntarles que necesitan y como pueden mejorar. De acuerdo a las posibilidades de cada uno, disponer de más tiempo para ellos y mejorar la relación con los hijos priorizando la comunicación.
Es esencial, concuerdan las especialistas que los padres aprendan a relacionarse con sus hijos de manera afectiva y no efectiva. Los papás, comenta Lagos, usan como expresión del afecto la preocupación del bienestar físico, material e intelectual de sus hijos y dejan de lado la vinculación afectiva directa, el espacio de comunicación familiar, del contacto personal, las caricias, el silencio compartido, los ritos.

Comunicación afectiva

Mas que la falta de tiempo, lo que ocasiona problemas a los niños es no poder contar con los padres, asegura María Amelia Barrera. Es decir, despertar y no estar con ellos, acostarse antes de que los adultos lleguen, tener escaso contacto telefónico y cuando están presentes, mantener la comunicación en los límites de los deberes familiares.
Por eso para mejorar la calidad de la relación, se sugiere simplemente planificar; idear actividades que realmente impliquen pasar tiempo con los niños, como participar en cursos juntos, practicar un mismo deporte, hacer caminatas, juegos al aire libre, armar juguetes y pintar en familia, entre otras cosas. La clave es generar un punto de encuentro mutuo.

Pero también cuando se está en casa se pueden compartir las tareas domesticas con los niños, como cocinar, hacer el aseo, cortar el pasto, junto con las responsabilidades académicas de los hijos. Realizar estas pequeñas modificaciones en los hábitos familiares es útil porque los hijos sienten la presencia de los padres, aunque efectivamente continúen trabajando gran parte del día.

Hábitos familiares

Las sugerencias son muy simples; por ejemplo, acostar a los hijos por lo menos dos o tres veces por semana (turnándose los padres) mirarlos a los ojos cada vez que ellos les hablen a los adultos, almorzar juntos al menos una vez a la semana y compartir los desayunos. Además, hay que generar instancias de relaciones, conversar sobre cómo les fue en el colegio y contarles también como estuvo el trabajo de sus padres.

 Es importante que el tiempo dedicado a los hijos sea de mejor calidad. Eso implica tratar de reírse más y hacerlo juntos, contar chiste, jugar, jugar a las cosquillas , resolver puzzles juntos, leer, ver una buena película y comentarla , caminar o correr con los niños, llamarlos mas seguido por teléfono, escribirle mails, whatsapp durante el día.

lunes, 30 de mayo de 2016

¿Qué hacer con un hijo en su adolescencia?






Los papás no cuentan con las herramientas adecuadas para enfrentarlos porque los viejos esquemas resultan inútiles frente a esos nuevos desafíos. Ante esto, la inseguridad, el temor y la angustia se apoderan de ellos y esto promueve los conflictos y las peleas. Entonces, el pronóstico que tenían de lo que iba a ser la adolescencia se cumple.

La adolescencia, es una etapa de transición de la infancia a la adultez, un periodo en el cual el joven busca su identidad y por definición esto trae consigo cambios físicos y psicológicos que no son fáciles. Lo malo es que a muchos padres esta etapa de sus hijos los coge fuera de base. No solo sufren un duelo interno porque su pequeño creció sin saber a qué horas, sino que muchas veces coincide con la crisis de la edad mediana de ellos.

Las parejas cada vez tienen sus hijos más tarde y para cuando estos cumplen 15 años, sus padres son cincuentones con demandas sociales y presiones laborales, tensiones en el matrimonio y cierta inestabilidad emocional. “Además, el mandato social dado por las tendencias de la crianza de hoy es que los papás están a cargo de la felicidad integral de sus hijos y deben procurar que sean perfectos en todos los campos” Durante la adolescencia, ese mandato es una camisa de fuerza que genera más confrontaciones y crisis.

En estos nueve puntosestán las actitudes que hay que corregir para que el joven no rompa la calma del hogar.

1. Visión fatalista: Los padres creen que la adolescencia es un problema y se preparan para afrontarla con pesimismo, desconfianza e inseguridad. Y si bien es cierto que esta puede ser inquietante, si se asume como una etapa llena de sufrimientos y dificultades puede llegar a ser más difícil de lo que en realidad es. El antídoto: No predisponerse y cambiar de enfoque, pues no todo es difícil en estos años. Así como es una etapa de rebeldía también lo es de posibilidades.

2. Pretender ser su amigo: Algunos padres se intimidan con la rebeldía de sus hijos. Para evitar el conflicto optan por ser comprensivos y creen que si son amigos de sus hijos minimizarán la confrontación. El antídoto: En esta etapa los hijos necesitan que sus padres asuman su papel para que los guíen y les pongan límites pues, aunque no parezca, los mayores tienen una gran influencia en ellos. Aún más, necesitan saber que ellos son una especie de puerto seguro. La clave es la manera como se transmite el mensaje y para ello lo mejor es hacerlo con firmeza y de manera oportuna.

3. Expectativas poco realistas: Los papás esperan todo de sus hijos, que sean tranquilos, exitosos, hábiles socialmente, competitivos y disciplinados. Esa misión desgasta porque no es realista. El antídoto: Darle un poco de autonomía al hijo para que viva solo ciertos procesos y confiar en que la educación que se le ha dado hasta el momento le ayudará a tomar las mejores decisiones.

4. Abandono involuntario: Algunos padres le ponen toda la energía de la crianza a la etapa de 0 a 12 años y cuando empieza la adolescencia dejan de hacerlo, ya sea porque están agotados o porque los jóvenes ya parecen adultos que se pueden defender en el mundo. En ocasiones creen que darles libertad es una forma de mostrarles respeto. En todos estos casos, la lectura que hacen ellos es que sus padres los abandonaron. El antídoto: No se puede abandonar el barco porque el joven aún no está listo para ser capitán. Hay que dedicarle tiempo y, sobre todo, estar ahí para cuando él lo necesite.

5. Tirar la toalla: ‘Lo he intentado todo y nada funciona’, ‘Este chino cada vez está peor’ y ‘No sé qué voy a hacer con ese muchacho’, son frases que se les escuchan decir a muchos padres de adolescentes. Esto sucede porque a veces el joven es desafiante, agresivo y rebelde, y ante esto los padres terminan dándose por vencidos. El antídoto: La parálisis es la peor opción. En estas circunstancias ayuda tener redes de apoyo, buscar información para entender que otros padres están experimentando la misma situación.

6. Mala relación con la tecnología: El error de los padres consiste en vivir desconectados de los nuevos medios. Esto los lleva a tomar decisiones extremas, desde prohibir todos los aparatos, hasta darles total libertad. El antídoto: Hay que aprender a usar los gadgets en la vida cotidiana y volver a la tecnología una aliada, no una enemiga. Esto ayuda a hacer una supervisión respetuosa y evitar el estrés de la familia.

7. Una comunicación lejana y agresiva: Insultarlos y humillarlos genera más rebeldía y sensación de soledad, así como falta de pertenencia en una etapa en la que el adolescente necesita precisamente eso, pertenecer. El antídoto: No regañarlos por su forma de ser y menos en público, no compararlos con otros y no reprenderlos constantemente. Los padres deben prestar atención a los sentimientos, necesidades y expectativas de los jóvenes y no a las manifestaciones de rebeldía como la ropa, la música o los aretes, que no son asuntos de gravedad porque ceden con la madurez.

8. Casar batallas con frecuencia: Algunos padres creen que educar es no dejar pasar nada y siempre imponer su posición. El antídoto: Hay que hacer economía psicológica y esto significa elegir con inteligencia qué batallas dar. Tampoco es conveniente tomarse las cosas a título personal, pues el adolescente no es rebelde por molestar a los padres sino porque dicha actitud hace parte de la búsqueda de su identidad. Es importante expresar las inquietudes frente a su comportamiento, pero no es conveniente quedarse en la crítica.

9. La desconfianza básica: Pensar que el joven está al borde del abismo –es decir, del alcoholismo, las drogas, el fracaso académico o las enfermedades de transmisión sexual– genera estrés y pone una distancia. El antídoto: Hay que confiar en la naturaleza del joven y pensar en que los buenos hábitos transmitidos hasta el momento lo guiarán. El pelo desordenado, la ropa descuidada y la música estridente no son indicios de que anda en malos pasos. También es importante que se sientan capaces, que tomen decisiones, fracasen y asuman las consecuencias. 

lunes, 25 de abril de 2016

Estados de Angustia extrema en la Adolescencia

 

Por María Teresa Villafrade
 ¿Que lleva a un adolecente a herirse brazos o piernas? ¿Por qué siente alivio en vez de dolor? Existe preocupación entre los especialistas por el considerable aumento en sus consultas privadas de pacientes que se autolesionen , en su mayoría presas de una angustia que no logran canalizar si no es a través de cortes, quemaduras o golpes.

Es importante aclarar que la autoagresión no es lo mismo que el intento de suicidio, porque en el primero la persona se quiere sentir mejor y en el segundo se quiere dejar de sentir dice la Psiquiatra Patricia Cordella.

En Chile, al igual que en el resto del mundo este tipo de conductas autodestructivas han aumentado, tal como constan los especialistas en su experiencia clínica. En otros países incluso se llega a extremos increíbles, que van desde la mutilación hasta la desfiguración o castración.

Según Cordella, la autolesión es un daño voluntario y cuando una paciente toma la decisión de cortarse la piel, que es lo más frecuente, lo hace desde el deseo de cambiar el estado de ánimo. Eso es lo que la diferencia con los intentos de suicidios, que son el deseo de terminar con la vida, pues no se cree que haya posibilidad de cambios, es decir, hay desesperanza. En la autolesión la esperanza está puesta en este acto: después de cortarme me sentiré mejor.

Una pelea, un desencuentro con el papá o la mamá pueden ser los primeros detonantes. El peligro está en con el tiempo esto se convierta en un hábito y adquiera una dinámica adictiva en la que ya no importa tanto qué la gatilla.

La Doctora Ximena Sepúlveda de la unidad de psiquiatría de niños y adolecentes de Clínica Las Condes, explica que la mayoría de los afectados son adolecentes (mujeres más que varones), entre los 12 y 18 años: Dicen que sienten una angustia tan tremenda que sólo el dolor físico los hace el dolor psíquico, los libera de alguna manera. Algunas niñitas me han dicho que temen enloquecer y que por eso prefieren el dolor físico a la angustia, relata la psiquiatra.

Los adolecentes que tienen más dificultades en consolidar su identidad son los más vulnerables, Este síndrome se llama difusión de identidad y es término que acuñó el psicoanalista Otto Kernberg, un chileno radicado en Estados Unidos, que ha estudiado mucho los problemas de personalidad. Se caracteriza por presentar mucha angustia, sentimientos de vacío o soledad que son distintos a los estados depresivos. Cuando a este adolecente tú le pides que te cuente cómo es, caen en una angustia espantosa, no pueden, agrega.

La identidad tiene que ver con el aspecto psicológico y corporal. A veces, jovencitas con trastornos alimenticios cómo la bulimia también caen en la autolesión. Es una forma de poner límite, de sentir que hay un cuerpo, algo que sujeta lo que está en tu interior. He visto cómo los chiquillos con más dificultades en organizar su identidad están llenos de piercings, de tatuajes. Yo lo interpreto como una forma de hacer soberanía sobre el cuerpo. Tengo tanta angustia que yo lo maltrato. Hay que distinguir este comportamiento de las enfermedades psiquiátricas propiamente tales, como esquizofrenia, trastornos bipolares, donde también hay autoagresión.  No necesariamente una niñita con autolesiones va derecho al trastorno psiquiátrico, pero si puede estar con problemas en el desarrollo de su personalidad, señala la Dra. Sepúlveda.

La marca del indio
El factor sociocultural influye en los cambios que han experimentado los síntomas. A juicio de la especialista, hoy estamos en la era del cuerpo, de lo externo, de la superficie, de ahí el aumento exponencial que han tenido las anorexias. Se calcula que hasta un 10% de las adolecentes pueden tener algún trastorno alimentario.

La relevancia del cuerpo dentro de lo que es la identidad es lo que explica el aumento de este tipo de enfermedades. En general lo que observo en el entorno familiar de los adolecentes que se autolesionan es que el problema no se pesquisa hasta que ha pasado cerca de un año. La minoría de los padres se da cuenta temprano. Esto te hace pensar que hay poca atención hacia los hijos, que se los mira y se los toca poca. Si ves a tu hija en pleno verano con polera de manga larga, angustiada, bajoneada, una mamá debería notarlo, señala Ximena Sepúlveda.

El síntoma más evidente es la angustia, también la hiperactividad, el llanto fácil, una baja del rendimiento escolar, deterioro social y la aparición de conductas de riesgo, como el abuso de alcohol, de drogas y la promiscuidad sexual. La autolesión no se presenta como un hecho aislado, advierte.

Entre las heridas que más le han impresionado observar es una conocida como la marca del indio que consiste en presionar fuertemente  un dedo sobre el dorso de la mano, en forma circular, hasta ocasionar una herida y sacar un pedazo de piel. A una niñita se le necrosaron los cortes, ella andaba feliz con la marca del indio e ignoro por qué le llaman así. Otras más pillas se hacen cortes en los tobillos, porque no se notan.

La doctora Paulina Cordella explica que estos actos se hacen como un ritual oculto, es decir, no hay testigos. Los tres elementos que conforman la autolesión son: un detonante, un rito y un secreto.
Los gatillantes suelen ser estados emocionales desagradables derivados de interacciones con personas afectivamente importantes: la mamá, el papá, el pololo. El rito tiene que ver con el objeto que se utiliza para cortarse. Una paciente guardaba un pedazo de vidrio azul en un bolsito que tenía siempre en su cartera, otra recogía de la calle objetos cortantes como trozos de metal, de vidrios, otra tenía una hoja de afeitar que había pertenecido a su padre.   Los cortes con tiptop son muy frecuentes. En cada caso hay que buscar significados de fondo, dice la doctora Cordella.
El secreto, por último, forma parte de la necesidad de marcar frontera en su espacio personal. Esto le permite al adolecente tener la ilusión de administrar un trozo de piel, un trozo e tiempo.
El tipo de pacientes que presentan un psiquismo inmaduro son aquellos que tienen historias traumatizadas por el abandono, la agresión o la responsabilidad de cargar desde pequeños con adultos inestables o enfermos psíquicamente.

¿En qué se diferencia la autoagresión con el sadomasoquismo?
En que la persona separa la conciencia del cuerpo, de la conciencia de psiquis, de modo que siente el cuerpo ajeno a sí mismo, como si fuera un objeto desapegado de éste. Una vez que se produce esa disociación, la paciente puede hacer uso de su cuerpo y entonces lo corta, sin sentir dolor que se siente cuando uno se corta. Por eso es que no hay relación con el sadomasoquismo, en el cual hay otro que se hace sentir dolorosamente y obtiene placer con ello. Los cortes son paradójicamente, un modo que tiene la paciente de volver a integrarse, ya que una vez consumado vuelve a sentir que está entero y, por lo tanto siente bienestar.

Ocultar armas y heridas
La psiquiatra Patricia Cordella aclara que realiza el corte, visto el sangramiento, pueden aparecer la vergüenza, la culpa, sentimientos que tampoco son agradables. Parte del secreto es ocultar las herramientas, las armas, las heridas, las cicatrices.
La cicatriz parece dar cuenta de la necesidad de imprimirnos que tenemos los seres humanos. Necesitamos diferenciarnos con un nombre propio, con características propias, con deseos que nos pertenezcan. En estas pacientes el psiquismo se muestra enfermo. Incapaz de hacerse cargo de los montos de angustia y ansiedad que nos genera inevitablemente la interacción con otros. La solución de la autolesión es fácil, rápida, a la mano. Está a tono con los tiempos en que nadie valora la espera de un proceso de cambio y crecimiento que durará años, señala.

El período de la adolescencia es difícil y los expertos aconsejan a los padres consultar de inmediato ante cualquier síntoma de autoagresión. El tratamiento consiste principalmente en psicoterapia y, en algunos casos, se requiere fármaco terapia, sobre todo cuando hay problemas con el control de impulso.

miércoles, 23 de marzo de 2016

EL DESPERTAR SEXUAL






La sexualidad es un proceso que se va desarrollando a lo largo de la vida, iniciándose de forma temprana, y presentándose en determinados momentos con especial intensidad, como es el caso de la adolescencia. Cuando llegamos a la pubertad, presentamos importantes cambios biológicos que implican un elevado aumento del deseo sexual, encontrándonos así ante una mayor excitación, mayor atracción y elevada tendencia al enamoramiento. Durante la adolescencia, la manera de sentir y expresar la sexualidad dependerá de varios factores, tales como la personalidad, las experiencias vividas, y la actitud de la familia y de la sociedad en la que se vive.

Durante el despertar sexual, la actividad habitualmente desarrollada suele ser el juego sexual (caricias, juegos eróticos, masturbación), tanto individual como compartido. Una preocupación habitual del adolescente es saber cuándo está preparado para realizar el acto sexual coital. La edad de inicio de las relaciones sexuales coitales suele hallarse entre los 15 y los 18 años. Pero en realidad, no existe una edad concreta en la que se considera correcto o ideal realizar por primera vez el coito, sino más bien se trata de reunir una serie de condiciones: tener la información adecuada, sentirse seguro, tener ganas, encontrar a una persona con la que sentirse a gusto.

¿Cuáles son las principales dificultades sexuales que nos encontramos en la adolescencia?
Una de las dificultades más comunes es la aceptación del cambio físico, sobretodo teniendo en cuenta que se da en diferente ritmo; en algunos adolescentes llega muy temprano y en otros es muy tardío. Otra de las dificultades principales es aceptar la propia orientación sexual, tanto heterosexual como homosexual, como una orientación saludable. La adolescencia es el periodo vital en el que se define la identidad sexual, e incluso puede ser frecuente que se experimente con ambos sexos hasta asumir la orientación definitiva; es decir, tener experiencias homosexuales durante la adolescencia no implica que sea una elección irreversible.

Existen datos que refieren que muchos adolescentes mantienen la primera relación sexual con prácticas de riesgo (de embarazo, de contraer Sida u otras enfermedades de transmisión sexual). Y muchos de ellos, mantienen las prácticas de riesgo también posteriormente. Estas prácticas de riesgo suelen ser más frecuentes en la primera adolescencia (hacia los 14 años), lo cual significa que debería ser en esa edad en la que desde la escuela y la familia se hable abiertamente sobre este problema y se facilite toda la información necesaria. De esta manera, se podrían evitar muchos contagios y embarazos no deseados.

Para que el despertar sexual se desarrolle de una manera sana, es muy importante el rol de los padres. La educación sexual que se transmite desde la familia es distinta a la de la escuela, ya que en la familia es constante y espontánea, y va acompañada de afecto. Es normal que a los padres les aparezcan un aluvión de dudas ante la idea de hablar de sexualidad de una manera premeditada con sus hijos: qué decir, de qué manera, en qué momento. Lo ideal es preparar el terreno antes, pensando respuestas sencillas y sinceras.

Cuanto más sana y natural sea la sexualidad que se vive en la familia, más sano será el despertar sexual de los hijos.

¿Un inicio sexual traumático puede marcarnos para toda la vida? Entre las experiencias sexuales que podríamos calificar como traumáticas, encontramos: violaciones, abusos sexuales, un embarazo no deseado, ser sorprendido durante el acto sexual, un inicio brusco, entre otras. Aunque la importancia de cualquiera de los hechos mencionados es indiscutible, hoy en día se considera poco probable que una única causa pueda decretar como fracasada la futura vida sexual de la persona.

Independientemente de ello, debemos tener en cuenta las particularidades de cada caso, y si es conveniente, consultar con un psicoterapeuta especialista que evalúe la situación y las posibilidades de beneficiarse de un abordaje psicológico.

lunes, 20 de abril de 2015

Homosexualidad; La familia: un obstáculo o un apoyo





Es habitual que los padres y madres se sientan mal y tengan miedo ante la posibilidad de que sus hijos/as sean homosexuales o bisexuales, las familias dan por hecho la heterosexualidad de sus hijos/as, por lo que es frecuente que se desconcierten al descubrir que no es así, entrando en un estado de confusión y culpabilidad.

Una vez que se acepta la realidad, lo habitual y positivo es que vuelvan a ver su hijo/a como tal, pues no cambia nada en ellos/as aparte de la etiqueta que le pongan. Presentamos aquí algunas de las principales preocupaciones de los padres y madres de adolescentes homosexuales y bisexuales,

-       Pensar que el desarrollo de sus hijos/as será diferente al de sus compañeros/as y que serán rechazados/as

-       No saber si hablar de ello, pues por una parte tienen la necesidad de hacerlo, pero por otra, prefieren mantenerlo oculto - al menos al inicio
-       El temor a que cambie la familia y no saber cómo tratar ahora a sus hijos/as

-       No saber cómo ayudar a sus hijos/as en su desarrollo, agravándose miedos como los tipos de amistades o ambientes donde se moverán

-       Sentimientos de inseguridad o decepción con respecto a los hijos/as dado que no seguirán sus expectativas.

El primer trabajo que habría que hacer al interior de las familias es analizar por qué aparecen estos miedos o el rechazo. Algunas posibles causas de estos son:

-       La propia homofobia de los padres

-       El temor a las consecuencias negativas que puedan sufrir sus hijos/as y su familia

-       La renuncia a las expectativas que tenían respecto a sus hijos/as y a su proyecto de descendencia


-       El miedo al rechazo social.

El paso posterior que deberán dar es comprender que el rechazo hacia la homosexualidad no es una opción, pues implica el rechazo de sus hijos
como personas y puede conllevarles graves consecuencias. Para trabajar todo ello es fundamental que los padres y madres interioricen que su familia puede convertirse en el principal factor de protección con el que pueden contar sus hijos/as ante los problemas que encuentren.

Igualmente, deben asumir que sus hijos/as se definen en muchas dimensiones, no sólo según su orientación sexual. Especialmente, que al
desvelar su orientación sexual lo único que debería cambiar en la familia es el grado de intimidad y confianza, que pasa a ser mayor. En este sentido, muchos adolescentes ocultan su homosexualidad a su familia y cabría explorar por qué.

Es recomendable que se haga explícita la aceptación y el respeto hacia cualquier orientación sexual. Asimismo, una vez que los padres integren la noticia, habría que apoyar el bienestar familiar, dando pautas para que mantengan y mejoren sus relaciones, potenciando la comunicación y las actividades comunes (especialmente de ocio). Se propone para ello:

-       La aceptación incondicional de sus hijos/as, valorándolos positivamente y dándole afecto.

-       El mantenimiento de relaciones cálidas y vías de
          comunicación abiertas.

-       Estar disponibles y accesibles.

-       No mostrar actitudes de rechazo o disgusto.

-       No manifestar la preferencia porque sean heterosexuales.

-       No poner en duda su orientación e intentar cambiarla.

-       No pedirles que lo oculten.

-       Aceptar a sus parejas.

-       Solicitar ayuda profesional.